Los profesionales que trabajan de forma remota enfrentan diversos riesgos de seguridad que surgen al trasladar el entorno laboral a espacios menos controlados, como el hogar o lugares públicos. Los principales riesgos identificados en las fuentes son los siguientes:
Muchos profesionales utilizan sus propios equipos para acceder a recursos corporativos. Estos dispositivos suelen carecer de un monitoreo centralizado, controles de acceso y parches gestionados por departamentos de TI. Además, pueden contener software pirata o aplicaciones instaladas sin controles de seguridad, lo que aumenta el riesgo de infecciones por malware y la exposición de datos de la empresa.
La implementación apresurada de accesos remotos puede dejar vulnerabilidades expuestas:
El trabajo remoto aumenta la vulnerabilidad ante la ingeniería social debido a las distracciones en el hogar y la imposibilidad de verificar la identidad de alguien cara a cara. Los ciberdelincuentes aprovechan la mayor dependencia de los canales digitales para enviar correos o mensajes fraudulentos que apelan a la urgencia.
Los dispositivos inteligentes del hogar (cámaras, televisores, etc.) a menudo no tienen la seguridad como prioridad y poseen configuraciones débiles. Al compartir la misma red que la computadora de trabajo, pueden convertirse en un punto de entrada para atacantes.
Al mover dispositivos corporativos entre el hogar y espacios de coworking o aeropuertos, aumenta considerablemente la exposición al robo, la pérdida del dispositivo o el acceso físico no autorizado por parte de terceros.