No hace falta vulnerar un sistema para robar información: ganarse tu confianza puede ser suficiente. La ingeniería social es una de las estrategias más efectivas de los ciberdelincuentes para superar las barreras de seguridad más avanzadas.
Se trata de un conjunto de técnicas de manipulación emocional y psicológica empleadas por atacantes para obtener datos confidenciales o acceso a sistemas sin recurrir a métodos técnicos. En lugar de aprovechar errores en el software, se basan en errores humanos.
A pesar de contar con firewalls, cifrado o doble autenticación, una sola acción impulsiva —como hacer clic en un enlace malicioso o responder un correo fraudulento— puede poner en riesgo toda una infraestructura. Estos engaños se alimentan de emociones como el miedo, la urgencia o la curiosidad, lo que los hace especialmente peligrosos y difíciles de detectar.
El proceso suele comenzar con la recopilación de información previa (reconocimiento). Los delincuentes rastrean redes sociales, foros, sitios web corporativos o filtraciones para conocer mejor a su objetivo. Con estos datos diseñan un escenario creíble y eligen el canal más eficaz para lanzar su engaño.
A continuación, algunos ejemplos típicos de ingeniería social:
El atacante envía un correo fraudulento que simula provenir de una entidad confiable (bancos, plataformas de pago, tiendas online). El mensaje suele incluir enlaces o archivos adjuntos maliciosos.
Ejemplo: “Hemos detectado actividad sospechosa en tu cuenta. Haz clic aquí para verificar tu identidad.”
En este caso, el engaño llega por SMS o aplicaciones de mensajería. Los textos suelen generar urgencia o prometer beneficios, redirigiendo a páginas fraudulentas.
Ejemplo: “¡Has ganado un premio! Ingresa aquí para reclamarlo.”
El estafador llama simulando ser de una empresa o entidad oficial, buscando extraer datos sensibles bajo pretextos como fraudes bancarios o verificación de identidad.
Ejemplo: “Somos del área de seguridad de su banco. Necesitamos confirmar una transacción. Por favor, indíquenos el código que recibió por SMS.”
Los ciberdelincuentes crean perfiles falsos o se apropian de cuentas reales para llevar a cabo fraudes. La confianza entre contactos es la clave del engaño.
Ejemplo: “Hola, soy [amigo]. Estoy en un apuro, ¿podés transferirme algo de dinero?”
La ingeniería social no es exclusiva del mundo digital. En el entorno físico, los atacantes pueden suplantar identidades para acceder a oficinas o información sensible.
Ejemplo: Alguien se presenta como técnico de sistemas y pide revisar tu equipo. Durante la intervención, instala software espía.
La ingeniería social no necesita vulnerabilidades técnicas. Aprovecha comportamientos humanos: descuidos, confianza excesiva, rutina. La víctima suele darse cuenta cuando ya es demasiado tarde.
Por ello, la capacitación y la conciencia digital son tan importantes como las herramientas de seguridad. Conocer los indicios de un intento de estafa y actuar con precaución puede marcar la diferencia.
Desconfía de solicitudes inesperadas, incluso si parecen legítimas.
Verifica siempre la fuente de correos, llamadas y mensajes.
Evita proporcionar información personal por medios no verificados.
No hagas clic en enlaces dudosos.
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Promueve la formación en ciberseguridad en tu entorno personal y laboral.
Herramientas como las soluciones de ESET incluyen múltiples capas de defensa contra amenazas como phishing, ransomware y fraudes basados en manipulación. Además, bloquean enlaces sospechosos, evitan el acceso a sitios peligrosos y detectan comportamientos anómalos en tiempo real.
La ingeniería social no ataca sistemas: ataca personas. Y solo con una combinación de tecnología eficaz y educación digital, es posible frenar estos engaños antes de que causen daños.